Panadería La Mejor


La historia de la panadería La Mejor es un ejemplo de lo que se puede lograr cuando las pequeñas empresas trabajan juntas en apoyo mutuo. Carmen Elías, propietaria de La Mejor, ha sido testigo de esta unidad entre las panaderías de la Calle 24 desde principios de los años setenta.

En aquel entonces, su padre trabajaba en Domínguez, La Reyna, La Victoria y otras panaderías históricas a lo largo del corredor de la Calle 24, mientras que ella cuidaba a los niños de las familias en esas panaderías.

Originarios de la Ciudad de México, la familia de Elías se mudó a San Francisco en 1968 cuando la compañía donde trabajaba su padre lo transfirió a este país. Eventualmente su contrato terminó, y en lugar de mudar a su familia nuevamente para seguir a la compañía, se instaló en la Misión y comenzó a trabajar en las panaderías locales, un oficio que ejerció de joven en México.

Cuando Elías se jubiló anticipadamente en 1993, siguió los pasos de su padre y, bajo el consejo de uno de los amigos de él, abrió su propia panadería, alquilando la pequeña tienda en la que actualmente permanece.

“La verdad es que… no sé nada sobre pan”, admite Elías con una carcajada. Pero ella sabe de comunidad, por lo que llamó a los antiguos compañeros de trabajo de su padre de los años setenta y ochenta para que fueran sus primeros empleados y se encargaran del pan.

Hasta el día de hoy, la mayoría de su personal también toma turnos en varias panaderías cercanas. Esta polinización cruzada entre las panaderías de la Misión crea un estilo de pan dulce único en el área.

Y así como el legado de su padre hizo posible su éxito, Elías ahora eleva a la próxima generación de panaderos desde su propia cocina.

Hace veinte años, Rigoberto Calzada, a sus 17 años, acababa de llegar de México cuando le pidió a Elías empleo en La Mejor. El adolescente le aseguró haber aprendido todo ayudando en la panadería de sus tíos desde que tenía ocho años. Elías le dio una oportunidad, y Calzada trabajó allí por dos décadas, hasta el año pasado que se fue para iniciar su propia panadería en San Bruno. Elías extraña a Calzada, quien fue su único empleado a tiempo completo; pero al considerarlo como un hijo, está entusiasmada con su nueva empresa.

Este espíritu de cooperación de las panaderías de la Misión tiene un efecto dominó que se remonta décadas, y que todavía se siente hoy en la prosperidad de las panaderías en toda el Área de la Bahía.